Historia de los ESCRITOS DE URANTIA
© Ángel F. Sánchez Escobar
(REVISADA Y ACTUALIZADA)
LARRY MULLINS
con la colaboración de
MEREDITH JUSTIN SPRUNGER
TRADUCCIÓN Y ADAPTACIÓN DE
ÁNGEL F. SÁNCHEZ ESCOBAR
Equipo de redacción y producción
Joan Batson Mullins
Michelle Mullins
Ángel F. Sánchez-Escobar
Donald Shea Green
Eic Cosh
James “JJ” Johnson
David Kantor
Victor McGonegal
Merrit Horn
Jeanne Horn
Jill Strunk
Norm Du Val
Rosey Lieske
David Biggs
Andre Radatus
A esos primeros urantianos que con tanta fidelidad asumieron la responsabilidad derivada del texto de 1955 de The Urantia Book
ÍNDICE
ÍNDICE
PREFACIO
INTRODUCCIÓN
RECONOCIMIENTO
CAPÍTULO I
The Mind at Mischief
CAPÍTULO II
La reunión
La cuestión del origen
CAPÍTULO III
El primer contacto
El foro
La comisión de contacto
CAPÍTULO IV
El asombroso manuscrito
La cuestión de la letra del manuscrito
La importancia de la letra del manuscrito
El foro lee los primeros escritos
El proceso de lectura seguido en el foro
El foro se constituye formalmente
¿Fue necesario el “sujeto dormido”?
"Repasemos de nuevo el libro"
CAPÍTULO V
Más sobre los primeros contactos -y los escritos de Jesús-
El proceso de materialización
La revelación de los tiempos y el conocimiento humano existente
CAPÍTULO VI
La fechas de las partes de los escritos
Parte IV: los escritos de Jesús
La preparación del Prólogo
La tercera vuelta del foro
CAPÍTULO VII
La tempestad provocada por los Sherman
¿Quién era Harold Sherman?
Relatos contradictorios de Sherman
La petición y sus consecuencias
Corrección de las pruebas de imprenta de los escritos de UrantiaLas planchas
Las planchas
Errores en The Urantia Book
Los reveladores no querían intervención humana
Nadie podía haberlo hecho mejor
¿Por qué no un libro perfecto?
Cambios realizados en el texto original
CAPÍTULO VIII
Formación de La Fundación Urantia
La declaración de fideicomiso
Cambio de responsabilidad
El mandato para publicar The Urantia Book
El registro de la propiedad intelectual de The Urantia Book
Por fin los libros de Urantia
CAPÍTULO IX
El destino de la comisión de contacto
La cuestión de la guía celestial continuada
La segunda impresión (1967) de The Urantia Book
¿Qué salió mal?
¿Estaban todos los fideicomisarios informados de los cambios?
¿Hubo algún problema técnico en la impresión?
La perspectiva de Meredith J Sprunger
Comparación entre las impresiones de 1955 y 1967
Debemos confiar en el escriba
La búsqueda de la verdad
CAPÍTULO X
Cambio hacia un liderazgo autoritario
El permiso de utilización de los tres círculos concéntricos: el estandarte de Miguel
Grimsley y sus “mensajes” sobre la Tercera Guerra Mundial
Conflictos, confusión y demandas
Nace la Asociación Internacional Urantia
Más demandas
La Hermandad Urantia
Temor a la creación de una iglesia
La nueva Fraternidad
Una religión basada en los escritos de Urantia
Sprunger y una religión urantiana
¿Hace falta un nuevo paradigma?
EPÍLOGO
Sentido de la propiedad: ¿Quién es el dueño de la revelación?
No hay documentos secretos
El Dr. Sadler no "comunicó" nada
Sadler no autorizó cambios en el texto
"The Golden Years"
El fin de la propiedad sobre The Urantia Book
Gente especialmente “elegida”
Distorsión de la revelación divina
Sectarismo y comunicaciones paranormales
Mensajes paranormales: ¿engaño o revelación?
La prueba del verdadero profesor
Una próxima era de responsabilidad personal
El estado actual de la revelación
Una nota personal
Una nota personal para nuestros hermanos y hermanas hablantes de español
APÉNDICES
APÉNDICE A: DATOS BIOGRÁFICOS DE WILLIAM S. SADLER
A.1. Traducción del facsímil de Who’s Who de 1924 con una entrada del Dr. William S. Sadler.
A. 2. Otros datos biográficos
APÉNDICE B: LISTA DADA POR SADLER DE ACTIVIDADES INUSUALES DE LA CONCIENCIA MARGINAL. (LA MENTE SUBCONSCIENTE).
APÉNDICE C: DIFERENCIAS ENTRE HISTORIA I E HISTORIA II
“History I”
“History II”
APÉNDICE D: MATERIALIZACIÓN DE LOS ESCRITOS DE URANTIA
D1. Lo que dicen los escritos de Urantia sobre la manera en la que se éstos materializaron en la lengua inglesa
D.1.2. Resumen de referencias respecto al origen y método de materialización de los escritos
D.1.3. Otras referencias
D.2. Posible forma de materialización de los escritos de Urantia
APÉNDICE E: IMPRESIONES DE THE URANTIA BOOK Y CAMBIOS REALIZADOS
E.1. Resumen de las impresiones hasta 1990
E.2. Resumen de cambios textuales
APÉNDICE F: CARTAS HISTÓRICAS
REFERENCIAS
PREFACIO
Larry Mullins tenía razones más que justificadas para escribir su libro Historia de los escritos de Urantia. Existía una necesidad imperiosa, por un lado, de reordenar los acontecimientos y circunstancias que llevaron a la aparición de estos escritos dentro de un marco de objetividad histórica y, por otro, de abordar las anomalías existentes en la interpretación oficialista respecto a sus orígenes.
Todo el mundo sabe que una historia es el relato de acontecimientos que se suceden unos a otros en el tiempo, y los cronistas urantianos han narrado la historia de los escritos sin mayor desacuerdo. Pero una historia es mucho más que un simple catálogo de acontecimientos dispuesto en un cierto orden. Los acontecimientos mismos deben estar conectados crono-lógicamente, y es en este sentido donde surgen las divergencias entre esos cronistas. No resulta fácil dar el paso desde la localización de los textos hasta su interpretación.
Además, narrar una historia con objetividad conlleva seguir una serie de pasos. En primer lugar, el historiador necesita encontrar datos en los que basarse —que no tienen por que reducirse a textos escritos—. Obviamente, hay algunos más valiosos que otros; es decir, hay fuentes primarias y secundarias. Saber confirmar esos datos es también una parte importante de la investigación histórica. Mullins ha llevado a cabo esta fase empírica al haber encontrado y validado testimonios textuales, y al haber excluido fuentes secundarias inconsistentes. Pero, al hacer esto, descubrió otros textos e interpretaciones tendenciosos y sesgados.
Basándose en esos testimonios textuales, el autor pasa a la segunda etapa de la investigación histórica, a la de la interpretación de los datos, logrando así establecer conexiones más lógicas y significativas entre los acontecimientos que llevaron a la aparición de los escritos. Como cualquier otra narración, la que Mullins nos presenta está abierta al análisis y a la discusión; si bien, las conexiones que realiza a la luz de pruebas documentales tienen sentido y resultan lo suficientemente convincentes como para que la comunidad urantiana pueda aceptarlas, sin muchas reticencias, como válidas.
Hay muchos urantianos, a ambos lados del Atlántico, que han sufrido las consecuencias de una interpretación oficialista y sesgada de los acontecimientos que llevaron a la autoría, materialización, y diseminación de los escritos, y que la encuentran inaceptable. Se trata de una interpretación indocumentada y poco solvente que ha llevado a engaño a muchos miembros hispanohablantes de la comunidad urantiana. Esto significa que la difusión en distintos idiomas de este libro no será del agrado “institucional”, pero no hay dudas de que por su exposición lógica, por su versión plausible, bien razonada y convincente de los hechos, habrá muchos lectores que abrirán sus ojos a la realidad.
Ángel F. Sánchez‑Escobar
Introducción
¿Hay inteligencias de orden superior en nuestro inmenso universo? ¿Saben que existimos? Suponiendo que existiesen esas inteligencias y se preocuparan por nosotros, ¿se pondrían alguna vez en contacto con nosotros para intentar ayudarnos? Dicho de otra manera, ¿tiene validez como premisa el concepto de revelación? ¿Qué nos revelarían o podrían prudentemente revelarnos unas inteligencias más desarrolladas y de mayor espiritualidad?
Si alguna vez ha considerado esa posibilidad, esta Historia de los escritos de Urantia le interesará. “Urantia” es el nombre dado en dichos escritos a nuestro planeta. Esta historia cubre un período aproximado de cincuenta años —desde 1906 a 1955—, momento en que se publicó The Urantia Book[1]. Aunque se han imprimido ya casi medio millón de ejemplares en lengua inglesa, nunca hasta ahora se había realizado, de manera documentada, el relato de los acontecimientos, muchos de ellos desconocidos, que llevaron a su aparición, a pesar de que éste represente el episodio más impresionante de nuestro turbulento siglo XX.
El millón de palabras aproximado de los escritos de Urantia no constituye sino un intento sin precedentes de formular una extraordinaria integración de tres núcleos de conocimiento —hechos científicos, realidades espirituales y verdades filosóficas— que tradicionalmente se habían tratado de forma separada, como si formaran compartimentos estancos. En realidad, cada uno de éstos contiene significados esenciales, aunque incompletos, sobre quiénes somos, de dónde venimos y hacia dónde vamos. Los escritos de Urantia hacen uso del más profundo conocimiento disponible de la época en que se escribieron para establecer entre estas tres disciplinas —ciencia, religión y filosofía— una relación extraordinariamente novedosa. Al hacerlo no sólo posibilitan nuevas conexiones entre ellas, sino que, con la aportación de un material de carácter revelado, se engrandecen conceptualmente. El resultado para la humanidad es una perspectiva integrada y enaltecida sin paralelo o precedente alguno.
En los escritos encontramos testimonios que aluden a su carácter de revelación de los tiempos, pero es llamativo el hecho de que no reivindican para sí la infalibilidad:
Los escritos, uno de los cuales es éste, constituyen la más reciente exposición de la verdad que se haya realizado a los mortales de Urantia. Estos escritos difieren respecto de todas las revelaciones anteriores en el hecho de que no son la labor de un solo ser personal del universo sino la combinación de exposiciones de muchos seres. Pero ninguna revelación es completa a no ser que intervenga el Padre Universal, y cualquier otro tipo de aportación celestial no es sino parcial, transitoria y adaptada prácticamente a las condiciones locales en el tiempo y en el espacio. Aunque reconocer esto pueda tal vez restar fuerza y autoridad inmediatas a todas las revelaciones, en Urantia ha llegado el momento de ser francos al realizar estas afirmaciones, aunque se corra el riesgo de debilitar la influencia futura y autoridad de ésta, la más reciente de las revelaciones de la verdad destinada a las razas mortales de Urantia. (p.1008, pár. 2 )
Estos escritos son, sin lugar a dudas, profundamente religiosos, sin embargo, no tratan de establecer una nueva religión, sino que intentan integrar, de manera filosófica, conocimiento científico evolutivo y verdad espiritual. Aunque parte de su contenido científico está obsoleto, si lo sustituyéramos por el conocimiento científico más actual, su amplia síntesis filosófica no dejaría de tener sentido. Los escritos son en esencia una exposición y una expansión de la vida y obras de Jesús de Nazaret dentro de un contexto cosmológico magnífico, a una escala inédita en nuestro planeta. Y quizás sean estas aplastantes afirmaciones las que puedan suscitar cierta desconfianza. No obstante, si nos acercamos a ellos con una mente abierta, descubriremos conceptos tan nuevos y significativos que nos harán descartar la idea de que estamos ante una obra esotérica.
Llevo más de treinta años estudiando estos escritos y he tenido la oportunidad de conversar, en repetidas ocasiones, con personas que conocían de manera directa los acontecimientos que culminaron en su materialización. Es por ello por lo que estoy totalmente convencido de que entre 1906 y 1955 seres no materiales con una inteligencia y una madurez sobrenatural mantuvieron, de forma regular, contactos con un grupo de seis mortales, con el propósito de proporcionar al mundo una revelación espiritual de gran transcendencia.
Las personas que se vieron envueltas no eran ni parapsicólogos ni diletantes, sino todo lo contrario; su figura clave, el Dr. Sadler, era un prominente psiquiatra reconocido a escala nacional y autor de 47 libros. Sadler se había ganado una buena reputación desenmascarando supuestos fenómenos paranormales. En su libro The Mind at Mischief califica a los que se consideran médiums o que creen tener poderes paranormales de fraudulentos, de personas que se engañan a sí mismas. La historia de su pugna, hasta que pudo por fin reconocer abiertamente lo que sucedía delante de sus ojos, y la validación de algo para lo que se había entrenado como científico a desenmascarar, representa un fascinante argumento secundario en la historia de los escritos de Urantia. Sin embargo, tanto él como los restantes cinco cruciales protagonistas claves de estos sucesos han fallecido y, aparte de los mismos escritos, sólo dejaron retazos de información de cómo éstos se originaron. No hay nadie, ni lo ha habido, que pudiera expresarse con autoridad ni respecto a su origen ni a su increíble contenido. Realmente no sabemos mucho de cómo se materializaron los escritos en la lengua inglesa.
Pero, aunque los escritos de Urantia no tienen autoría humana, sí hubo una séptima persona con un papel relevante. Se le ha llamado el “sujeto dormido” o la “persona de contacto”. Todo indica que era una persona común que, de alguna manera, se vio envuelta en la materialización de los escritos. Sabemos que no fue un médium y, aunque el texto completo se originó en forma manuscrita, él no “comunicó” el texto ni lo hizo a través de “escritura automática”. Los escritos nos dicen que hay una parte de Dios que ordinariamente mora en el ser humano, y esta Fracción Divina, de alguna manera, sin usar la mente de esta persona, participó en dicha materialización. Es por ello que el Dr. Sadler fue claro y rotundo al afirmar que los escritos no se originaron mediante ningún fenómeno conocido de carácter paranormal. Nunca se ha podido establecer la identidad del sujeto dormido y probablemente nunca se establecerá.
Seguramente que los invisibles reveladores no tenían la intención de que surgieran misterios, sino establecer un marco en el que los escritos tuviesen validez por sí mismos. Al parecer, era necesario que los lectores basasen su valoración sólo en el contenido y no en ninguna fuente supuestamente milagrosa; por tanto, nunca se llegó a desvelar ni la identidad del sujeto dormido ni lo que el pequeño grupo de seis personas sabía sobre la mencionada materialización. No obstante, siendo como es el ser humano, para llenar ese vacío de información, no se han dejado de hacer especulaciones sobre la identidad de la persona de contacto y sobre los procedimientos y circunstancias que dieron origen a los escritos de Urantia[2].
Los escritos han recibido la atención de un gran número de personas, pero, más que su contenido o mensaje espiritual, ha habido quien se ha centrado más en sus elementos apócrifos o, en un intento de desacreditarlos, en relatos erróneos sobre su origen y en supuestos defectos de personas relacionadas con ellos. El contenido de los escritos ha atraído a una gran cantidad de personas, algunas más interesadas en los elementos apócrifos sobre su origen que en su mensaje espiritual. Hay, sin embargo, investigadores serios que han sabido alejarse tanto de estos detractores como de las estrambóticas suposiciones de algunos que se autodenominan “urantianos”, muchos de los cuales creen tener una condición especial y estar en exclusiva posesión de información “privilegiada”. Sin duda, todo esto puede generar, y de hecho genera, mucha confusión. No obstante, aunque dispersos y de distintas fuentes, se poseen datos históricos verificables suficientes como para aportar luz a esa confusión si sabemos acercarnos a éstos con prudencia y discernimiento y trazar una cronología que, de forma global, resulte coherente y plausible.
Siempre he albergado la esperanza de que alguna vez se contara con exactitud la historia de los escritos, pero esto no ha ocurrido. Por ello que me decidí a tomar esta iniciativa, sabiendo que no iba a obtener la aprobación “oficial”. De todos modos, es importante aclarar que la historia que aquí se narra es la de los escritos y no la del movimiento urantiano. Si bien es cierto que, siempre que se relacionen con el hilo de la historia, me referiré a éste y a las personas que intervinieron en él.
No me hubiese decidido a escribir este libro sin la valiosa ayuda de Meredith Justin Sprunger. Sprunger es ministro eclesiástico y doctor en psicología, y ha realizado estudios en filosofía, teología y sociología. Ha sido profesor universitario y ha ocupado cargos directivos en la universidad. También tiene experiencia como escritor. En este momento, Sprunger es editor de The Spiritual Fellowship Journal (Revista de la Fraternidad Espiritual).
Sprunger llegó a conocer a tres de las seis personas que componían la llamada “comisión de contacto” que, como su nombre indica, contactaba con los reveladores celestiales. Cuando conocí a Sprunger, a mediados de los setenta, yo tenía muchas preguntas sobre el origen de los escritos de Urantia —en aquellos días era difícil obtener información alguna al respecto—. Sabía que había escrito muchos artículos sobre el origen, contenido y significado de los escritos de Urantia y era, además, el autor del único material autorizado publicado por la Fundación Urantia (editores de The Urantia Book) sobre el origen de la revelación. Estaba seguro de que él sabía más de lo que se le había permitido publicar de manera oficial.
Cuando le conocí, me sorprendió su actitud abierta y franca. En contraste con otras personas pertenecientes a ese “circulo cerrado” oficialista, las explicaciones de Sprunger eran transparentes como el cristal y resultaban alentadoras. Me proporcionó —como lo hubiera hecho con cualquier otro investigador bien intencionado— sus artículos y, con cierta prudencia, me desveló muchas cosas interesantes que Sadler le había contado a él. En aquel momento, mi curiosidad se disipó y seguí su consejo en cuanto a que me centrara más en el contenido de los escritos. Y, efectivamente, a través de los años, he llegado al total convencimiento de que éstos son exactamente lo que dicen ser: una revelación transcendental para los tiempos. Sin embargo, en un recóndito lugar de mi mente, sabía que todavía había muchas preguntas sin respuestas y muchas “puertas prohibidas” que jamás se habían abierto a una investigación objetiva y sin temor, y pensé que era yo el que tenía tal cometido.
Clyde Bedell, uno de los primeros urantianos en ser miembro de lo que se vino a llamar “el foro”, me había proporcionado una primera edición de The Urantia Book. Yo había observado a Clyde atareado en una inmensa mesa cubierta con archivos de fichas de 3 x 5 pulgadas preparando su Concordex (1971). Trabajé con él durante tres años y hablamos muchas veces de los escritos de Urantia y de sus experiencias en el foro. En los setenta mantuve algunas conversaciones con uno de los miembros de la comisión de contacto y serví durante ocho años como consejero general de lo que se llamaba entonces la Urantia Brotherhood (la Hermandad Urantia)[3]. En el proceso, me di cuenta de que me iba a resultar difícil escribir esta historia sin ayuda y, por la sugerencia de mi esposa Joan, una gran conocedora de los escritos, me decidí a pedir la colaboración de Meredith Sprunger, el último de los colegas supervivientes del Dr. William S. Sadler, y de otras personas pertenecientes a la segunda generación de urantianos, con un conocimiento excepcional de los escritos y una gran experiencia en el movimiento urantiano.
Por tanto, en las siguientes páginas ahondaré en los orígenes de los escritos partiendo de la investigación de Sprunger, que conoció de cerca a personas implicadas en el proceso revelatorio. En dichas investigaciones, él siempre había mantenido una rigurosa objetividad y había sido muy crítico tanto de los escritos de Urantia como del movimiento urantiano. A él le parecen creíbles los puntos esenciales de los episodios que se relatan a continuación y que han sido tomados de personas con experiencia directa en relación a los orígenes de dichos escritos. Hay que añadir que durante esta investigación, Sprunger continuó ejerciendo su cargo de ministro de la United Church of Christ así como su labor docente en el Indiana Institute of Technology, la jefatura del Departamento de Psicología y la presidencia de la Facultad de Humanidades.
Pero esta historia, además de esos y otros testimonios, requería el ensamblaje de un mosaico de documentos de diversa procedencia y de correspondencia antigua. Curiosamente, a veces, he obtenido datos esclarecedores de los mismos detractores de los escritos y de ciertas personas que han intentado explicar o racionalizar errores o encubrir los hechos. Pero cualquiera que haya sido su origen, he tenido en cuenta siempre datos que fuesen plausibles, verificables y coherentes, ante los que el lector sabrá sacar sus propias conclusiones.
Sí puedo asegurar que he buscado, con la ayuda de Meredith y de algunos estimados urantianos, la verdad con toda franqueza, sin importarme los resultados cualesquiera que fueran. Es por ello por lo que manifestaré mis dudas cuando las tenga. Si existe algún desacuerdo con algún miembro del consejo de edición, expondré su opinión al lado de la mía. También, en el caso de información obtenida de forma oral, relataré únicamente aquella que haya obtenido de al menos dos o más fuentes distintas e independientes y que estuvieran en armonía con otros datos. De esta manera, creo que podré establecer, sin adornos ni embellecimientos ni especulaciones, los hechos históricos en torno a los escritos de forma objetiva, razonable y clara, y conformar un tapiz con diseños bien definidos.
Inevitablemente, las historias constituyen procesos dolorosos y casi siempre conllevan algún tipo de confrontación. Los que emprendimos la tarea de desarrollar ésta, nos damos cuenta de que sus conclusiones allanarán el camino futuro de los escritos de Urantia, pero hay mucho en juego porque chocan con los intereses de los que tratan de controlar la revelación. No nos puede sorprender, pues, la virulenta respuesta que puede provocar nuestra interpretación de los hechos acaecidos en torno a los escritos, porque es ésta, más que los mismos hechos, la que constituye el centro de nuestra argumentación histórica.
Nos hemos esforzado por exponer una buena historia, pero nos damos cuenta de que no hemos dicho la última palabra. Hemos descubierto cabos sueltos que necesitan más investigación. Resumiendo, queremos alcanzar los siguientes objetivos con esta narrativa:
1 ) Establecer una base sólida de los hechos.
2 ) Abrir todas las puertas hasta ahora cerradas e incentivar posteriores investigaciones.
3 ) Trazar una guía para los futuros urantianos.
En realidad, esto no es más que el comienzo.
RECONOCIMIENTO
Ante todo me gustaría agradecer a muchos urantianos su valiosa ayuda en la preparación de esta historia. En primer lugar, gracias a aquéllos que hicieron posible la edición de 1955. En segundo lugar, mi agradecimiento a Meredith J. Sprunger por todos estos años de sabiduría, discernimiento y guía. Gracias también a Joan Batson Mullins, mi compañera y constante inspiración, que me animó a escribirla. Su impresionante conocimiento de los escritos y su imparcialidad dan una especial dimensión a cualquier proyecto que se haga en relación a los escritos. Gracias, Joan, por haber convertido estos últimos años en los más felices de mi vida. Gracias igualmente a la joven urantiana Michelle Mullins, por su ayuda con las tablas y gráficos, por descifrar los descoloridos documentos de los primeros urantianos y por la fe que tiene en su padre; y a Kathleen Mullins, cuya intrépida búsqueda de la verdad es capaz de hacer cambiar las vidas de los que tiene a su alrededor, una de ellas la mía.
Mi agradecimiento también a Eric Cosh, que durante años ha trabajado por la revelación con denodado esfuerzo y talento y con fidelidad y generosidad; a James “JJ” Johnson, urantiano firme y devoto y gran conocedor de los escritos, por su inconmensurable ayuda en este proyecto gracias a sus importantes observaciones; a Ángel F. Sánchez-Escobar, de Sevilla, España, por su paciencia, discernimiento y valiente servicio a los urantianos de habla española, y por su apoyo, ayuda y traducción al español de nuestra historia; a Jeanney Horn, que ha mejorado el libro con sus acertada revisión; a Merrit Horn, a través de cuyas notables aportaciones e inquebrantable erudición hemos conocido las alteraciones realizadas en el texto original, por su inestimable ayuda a esta historia; a David Kantor, cuya gran dedicación a la revelación, integridad y coraje no tienen paralelo en la actual generación de urantianos; a Andre Radatus, que sabe aportar mesura e imparcialidad a todo proyecto sobre los escritos; a Rosey Lieske, por sus años de apoyo y aliento, por su relación ejemplar con los países de habla hispana y por su comprensión sin igual de los meta-valores; a Norm DuVal, un apasionado y comprometido urantiano siempre deseoso de ayudar en todo a la revelación; a David Biggs, uno de esos grandes urantianos que han luchado sin descanso durante años por la revelación sin que se le haya reconocido; a Jill Strunk, un dedicado urantiano, por sus sabios consejos durante años y por su valiosa ayuda con la revisión del texto; a Victor McGonnegal, un amigo de toda la vida, que con gran acierto dirige un gran grupo urantiano independiente en Washinton D.C.; a Kristen Maaherra y a Eric Schaveland, por haber ampliado mi perspectiva y comprensión de los escritos con su percepción, consejo y documentación a lo largo de los años, y por el coraje y la firmeza demostrados para liberar la revelación; a Donald Shea Green, un buen amigo, por su apoyo y por ser un fiel puntal de nuestro grupo Living the Teachings; a Mary Doubek, que inspira y sirve a la mujer y que levanta los corazones de sus alumnos; a sus jóvenes hijos Micah, Damon y Aarón, que se esfuerzan por vivir las enseñanzas con nosotros y que algún día ayudarán a cambiar este mundo; a Angie, Jesse y Haley Thurston de nuestro grupo infantil, que me recuerdan cada día lo que significa esta revelación, y a Claire y Chuck Thurton, por su inmenso apoyo a nuestro grupo; a Tom Choquette, por su ánimo y generosa ayuda, y por su notable acercamiento a la juventud; a Behzad Sarmast y Marielle Tavares, por su amistad, comprensión y hermoso compañerismo; a Clyde Bedell, que me dio el primer libro de Urantia y me dijo, poco antes de su fallecimiento, que había docenas de seres invisibles a nuestro alrededor deseosos de ayudarnos cuando comenzamos a hacer algo; a Berkeley Elliot, que me enseñó lo que era ser guía y servidor, y que me presentó a mi primera familia urantiana en Oklahoma City.
Por supuesto, también le doy las gracias a esos invisibles y silenciosos seres que espero conocer algún día; a toda esa hermandad de creyentes, de todos los credos, que pugnan por servir a la humanidad con integridad, benevolencia y grandeza; a todos los urantianos cuyo trabajo menciono en esta historia, sin los que tendríamos muy poca documentación; a aquéllos que estén de acuerdo con mis conclusiones, y a aquéllos que tengan ideas contrarias, que pueden, dentro de un razonable debate, aportar luz a ciertos temas, y especialmente a aquéllos que mejorarán esta narrativa con las suyas; a todos, gracias.
He hecho un sincero esfuerzo para contar la verdad con imparcialidad, dentro de la mejor de mis habilidades y entendimiento, y al hacerlo es posible que haya ofendido a algunas personas. Si es así, dejo estas palabras de Shakespeare, “Al ser perdonado por tus delitos, que tu indulgencia me deje libre a mí.”
Larry Mullins (Boulder, Colorado)
MEREDITH JUSTIN SPRUNGER es un académico de prestigio con los pies bastante asentados en el suelo. Como teólogo y filósofo, había visto muchas de las llamadas “revelaciones” surgir y desaparecer. Pero, ¿qué fue lo que vio en The Urantia Book que le movió, hace muchos años, a intentar descubrir quién lo escribió y quién financiaba su publicación?
Sprunger supo de The Urantia Book por primera vez en 1955, a la edad de 40 años. En un principio no se sintió impresionado; sin embargo, durante un viaje en coche a una reunión de la junta de la iglesia, mantuvo una conversación con su acompañante y aquello desencadenaría una serie de sucesos que le harían reconsiderar el libro y cambiar su vida.
Foto de The Urantia Book, edición de 1955.
Capítulo I
“¡Desde luego que si esto no es una exacta descripción de la realidad, así es como debería ser!”
EN DICIEMBRE DE 1955, el reverendo Brueske, pastor de la Zion United Church of Christ de South Bend, Indiana, entregó al reverendo Meredith J. Sprunger un voluminoso libro que acababa de publicarse ese año: The Urantia Book. Aquel libro impresionaba por su tamaño. Tras sus pastas de un intenso color azul había 2.000 páginas y un millón de palabras.
“El juez Hammerschmidt me dio el libro”, dijo Brueske. “Algunos empresarios creen que es una nueva Biblia.” Su esposa y él sonreían mientras Meredith sujetaba el gran volumen entre sus manos y lo abría. Meredith dio un vistazo al índice. Los supuestos autores de los 196 escritos incluidos en el libro eran un reto a la credulidad incluso más que los títulos de éstos. El segundo escrito se titulaba “La naturaleza de Dios”, por un “Consejero Divino”; otro, “El universo de los universos” por un “Perfeccionador de la Sabiduría”, otro más, “Los seres personales del Gran Universo”, al parecer escrito por un “Mensajero Poderoso”. Con aquello bastaba para dejar de interesarle y encontrarlo, además, absurdo.
Sprunger leyó a Irene, su esposa, que estaba sentada al lado de él, algunos de los títulos, y todos esbozaron una leve sonrisa ante la ingenuidad del juez Hammerschmidt. Finalmente cerraron el libro. Sin embargo, los dos ministros y sus esposas sentían un profundo respeto hacia Hammerschmidt por su contribuciones a la Zion Church. Era una persona muy estimada dentro de la Church of Christ. El juez había desempeñado un papel fundamental en la construcción del Hospital Infantil de South Bend e incluso había donado una capilla a Elmhurst College. Pero, a pesar de todo, no había otra manera de ponerlo, The Urantia Book debía ser alguna forma de engaño. Sprunger puso el libro a un lado, y dio por sentado que aquel día de 1955 sería la última ojeada que le daría, pero se equivocaba.
Un mes más tarde, Sprunger, que era vicepresidente de la Junta de la Conferencia Indiana-Michigan, fue a recoger al juez Hammerschmidt para llevarlo a una reunión del consejo que tenía lugar en Jackson, Michigan. Durante las dos horas y media que duró el viaje, éste le comentó de forma cautelosa la investigación que había estado llevando a cabo sobre el fenómeno del espiritismo.
Hammerschmidt había perdido a su esposa hacía una década y había recurrido a la práctica del espiritismo, pero no estaba demasiado impresionado con lo que había descubierto. Al ver que a Sprunger no le inquietaba hablar del tema, el juez directamente le dijo: “Tengo un libro que me gustaría que leyera y me diera su opinión.” Sprunger mantuvo la mirada fija en la carretera y en el crudo día de enero reflejado en el paisaje delante de él. Se imaginaba lo que vendría a continuación, pero sin querer herirle le dijo: “Está bien, juez, mándemelo.”
Meredith J. Sprunger a mediados de los cincuenta.
En una semana le llegó un paquete con The Urantia Book. En los meses que siguieron, Sprunger leyó algunos de los pasajes de la voluminosa obra, formándose una opinión rápida de los escritos que contenía y llegando a creer que los esotéricos nombres que allí aparecían eran alguna forma de teosofía. De todos modos, aquel año se llevó el libro con él a sus vacaciones para leerlo, pero encontró otras cosas más interesantes que hacer y no le prestó demasiada atención.
En septiembre de 1956 solo lo había leído muy por encima; sin embargo, al darse cuenta de que al mes siguiente se reuniría con el juez, se vio en la necesidad de prestarle algo más de atención para poder salir del paso de alguna manera. Así pues, decidió leer un pequeño grupo de escritos y decirle con franqueza al juez lo que pensaba de ellos. Sprunger empezó de nuevo a examinar el índice. Al hacerlo, recordó que había una gran sección dedicada a “La vida y enseñanzas de Jesús de Nazaret”, que por su formación académica le sería fácil analizar. Él ya había leído publicaciones parecidas como El Evangelio de Acuario, que narraba igualmente los primeros años de vida de Jesús, pero las historias apócrifas de Jesús modelando pequeños pájaros de barro para darles después vida no le parecían muy verosímiles. Comenzó, entonces, a leer el relato de la vida de Jesús, aunque sin encontrar lo que esperaba, ya que, poco a poco, aquella lectura le cautivó porque sonaba a verdad, a historia auténtica. Y a medida que leía la vida de Juan el Bautista y la comparaba con la del Nuevo Testamento más sorprendido se quedaba. Hasta echó algunas lágrimas ante el retrato tan real de la vida del Maestro. Al terminar el último de los escritos de la Parte IV, “La fe de Jesús”, y cerrar el libro, se dio cuenta de que estaban en armonía con los hechos narrados en el Nuevo Testamento. Llegó incluso a creer que lo que tenía ante sí no era sino la más profunda e inspiradora vida y enseñanzas de Jesús jamás antes publicada.
Debido a aquella inesperada elevada calidad de las 700 páginas de la Parte IV, Sprunger se sintió impulsado a leer el resto del libro, desde el Prólogo. Cuando terminó, se dio cuenta de que los escritos de Urantia en su globalidad conformaban la imagen más completa e integradora de la ciencia, de la filosofía y de la religión que él había leído. De repente, toda su formación anterior se reorganizó y modeló con aquellas nuevas nociones en una síntesis mental grandiosa, sorprendente e innovadora. Aquello significaba para él un nuevo paradigma de la realidad que le llevó a concluir: “¡Desde luego que si esto no es una exacta descripción de la realidad, así es como debería ser!”
Sprunger se puso en contacto con Hammerschmidt para saber cómo había conseguido aquel libro. El juez, que se alegró mucho al ver su interés, le dijo que a través de un amigo suyo llamado W.H. Harrah, un próspero hombre de negocios cofundador de la National Standard Company. Harrah era miembro de un grupo que se había formado en Chicago y que, de alguna manera, había conseguido el libro al principio. Organizaron un almuerzo y allí éste le explicó que el responsable del grupo que lo había publicado se llamaba William S. Sadler. Sprunger se sorprendió ya que conocía al Dr. Sadler por su reputación. Sadler había estudiado en el extranjero con Freud y Jung, y se le había considerado como el “padre de la psiquiatría americana”. Sadler era profesor universitario y prolífico escritor. Además, Meredith tenía amigos que habían hecho con él un curso de asesoramiento pastoral en el McCormick Theological Seminary.
Harrah, que quería obsequiar ejemplares de The Urantia Book a algunos de los ministros compañeros de Sprunger de The United Church of Christ, extendió un cheque con la suficiente cantidad para pagar una docena de libros y se lo dio. Más tarde, Sprunger entregó a doce de éstos un ejemplar del libro. Con la excepción de uno de estos jóvenes ministros, que reconoció no haberlo leído, los demás se quedaron tan impresionados con su lectura como el mismo Sprunger.
Cuando Sprunger reveló lo poco que sabía de los orígenes del libro a partir de Harrah, el grupo de ministros, en un intento por averiguar la autenticidad histórica de los acontecimientos que llevaron a éste, inició un riguroso estudio del libro y un análisis de las publicaciones de Sadler. Una de éstas, The Mind at Mischief. Tricks and Deceptions of the Subconscious and How to Cope with Them[4] (1929), les iba a proporcionar algunos datos relevantes para su investigación.
The Mind at Mischief
Es interesante observar que de toda su importante y extensa producción escrita el Dr. Sadler sólo menciona en una de las ediciones de este libro, la de 1929, el proceso que desembocaría en la materialización de los escritos de Urantia. Sadler eliminaría ese comentario en ediciones posteriores.